26 abril 2006

Dejémoslo así no más


Hace tiempo que no me iba en micro al centro. El auto, el metro y alguno que otro radiotaxi habían reemplazado el agrado de viajar en un bus no muy lleno, satisfaciendo en pleno todas las tendencias vouyeristas que afloran cuando uno mira por esos ventanales gigantes el movimiento del movimiento.

De pronto me enfrenté cara a cara con lo que queda del Diego Portales. Los fierros retorcidos me recordaron las imágenes del ataque a las Torres Gemelas.

Pensé... sin duda, un edificio memorable, histórico y sobre todo simbólico. Doblemente simbólico. Representa dos tendencias antagónicas que estuvieron en nuestro país y basta con preguntar entre los conocidos para ver cómo un mismo edifico representa cosas totalmente diferentes.

Para unos, representa una de las grandes obras inauguradas por el gobierno socialista de Salvador Allende, que fue sede de la UNCTAD. Ellos, le dicen Edificio de la UNCTAD.
Para otros representa una especie de fortaleza, sede central de la Junta de Gobierno de Augusto Pinochet. Ellos le dirán siempre Edificio Diego Portales.

Pero ahora está en ruinas. En el pasado. Se derrumbó, al igual como se derrumba una parte de la historia ideológica de mi país. Al igual como se caen en picada dos formas de pensar que ayudaron al país a madurar. Nada más que a eso.

Entonces, se me ocurrió una idea.

Yo no trataría de restaurar este edificio. Tampoco lo limpiaría. Sino que llamaría a un grupo de expertos, artistas, arquitectos, ingenieros y poetas para que traten de afirmar cada escombro, cada fierro derretido, cada viga chueca y madera quemada y la vitrifiquen como está.

Dejaría el Edificio "Diego Unctad" tal cual quedó después del incendio, para se convierta en un monumento a un Chile pasado, a un Chile aprehendido. Que se transforme en un museo viviente de cómo una nación aprende a madurar. Una escultura arquitectónica-política que puedan verlas todos los santiaguinos mientras van al trabajo, mientras leen el diario, mientras conversan... mientras miran por la ventana de una micro.

18 abril 2006

El Harris


Generalmente no veo los noticieros de las nueve de la noche. No me gustan. En ocasiones me parecen nada más que una versión diferente de un Reality Show. Una con más show que reality.

Pero hoy me senté a verlo y entre nota y sangre, entre sangre y fútbol apareció "El Harris".

En un principio tuve la misma atracción morbosa que deben haber sentido los miles de telespectadores que veían el Canal 13. Reacción televisiva precalculada de forma genial por editores y guionistas.

El Harris es un vagabundo. Me gusta más esa palabra que la de "indigente" usada por mi colega con el que alguna vez nos tomamos unos tragos en Ciudad de Panamá. Era un vagabundo de San Felipe. El típico pordiosero que poseen todos los pueblos de Chile, todo los barrios de Santiago, todas las esquinas de los ministerios.

Un día Pedro Harris (55) iba caminando por esos lugares mitad rurales mitad urbanos que tanto abundan y se desvió hacia un sitio baldío. Seguramente estaba de noche y quizá había tomado una caña de vino gratis en la cantina samaritana habitual. (aunque declaró que estaba sobrio...le creo) De pronto tropezó. Pero al tratar de pararse sus piernas no respondieron. Una tremenda pared de barro que lo succionaba hacia la muerte no lo dejaba avanzar. Había caído a un pantano.

Al igual que un animal abandonado a su suerte, no gritó. Luchó un poco, pero al rato sólo miró al cielo, luego a la tierra, dio un fuerte resoplido y se durmió. Hacía frío y su sangre se congelaba, pero ni el hielo, ni los zancudos, ni la humedad o su olor a orina le importaba. Sólo necesitaba descansar.

Abrió los ojos, habían pasado varias horas y el sonido de los pájaros y la incómoda fuerza del sol andino le machacaban la cabeza. Seguía donde mismo. Enterrado. Y nadie pasaba.

No supo cuánto tiempo estuvo así, sólo se preocupó de chupar su ropa para sacar algo de humedad y saciar la sed. Aunque ni sed tenía, era más que nada una reacción instintiva. Estaba mirando cómo una garza se posaba a metros del lugar cuando vio que pasaba un ser humano.
Gritó roncamente una palabra en el lenguaje de los vagabundos. El idioma que sólo entienden los que han vivido esta negación del ser social. A la media hora había diez personas mirando. A la hora, 20 más tratando de ayudarlo. A las tres horas estaba bomberos y Carabineros y a las cinco horas, la televisión.

Ya habían pasado casi tres días... y había sobrevivido.

Nadie le dijo a Pedro que saldría en el reality show, por lo que apenas alcanzó a cambiarse su ropa embarrada, hedionda y roída. Pero no importa, así era más real. Las imágenes realzaban su rostro, de la misma forma con que se encuadra una fotografía de un animal de zoológico para hacerla postal y mandarla a los familiares.

Su nariz atractivamente chueca hacia un costado, su cabello infantil, ojos lacónicos y resignados, su mentón tímido mascando una hallulla con mortadela y las mejillas huesudas, eran el complemento perfecto de una piel donde las arrugas dominaban. Pero no eran arrugas de vejez, sino de abandono, de hambre, de dolor, de angustia, de frío. Pero sobre todo… de indiferencia. La pobreza más pobre de todas.
Y la televisión sólo confirmaba esta indiferencia.

No sé.

La verdad es que me impactó Pedro Harris, pero fue un golpe tierno. Quizá no él, sino el contexto. En un principio quería filosofar sobre su situación, meterla en un saco y dar algún planteamiento social fuerte y rimbombante, de esos que utilizan cientos de ONGs, entidades políticas y oficinas gubernamentales en seminarios y charlas que llenan las agendas temáticas. Pero no… con argumentos robinhoodesco, de esos que encantan a tanto político, sólo le hubiera hecho más daño a Harris.

Y no quiero dañarlo, porque lo respeto. Algo había en su cara, en su caminar, en su historia. Algo atávico que está en mí. Quizá sea la libertad que uno va perdiendo, quizá sólo un ser humano que necesita amor.

No quiero filosofar, sólo contarles lo que me vino a la cabeza al ver a "El Harris". Hay tantos Harris… aquí y en la quebrada del ají.

Ver nota en Canal13.cl

10 abril 2006

¿Será o no será?

Cuando apareció Napster, todos pensaban que sería el paradigma de la nueva forma en que se distribuiría la música en internet. A pesar de que la idea original del gato murió, luego de una larga batalla judicial, este servicio P2P dio paso a una nueva concepción musical que ya está comenzando a expandirse.

Los mails gratuitos, los mensajeros online también han marcado pauta y la industria se ha cuestionado no sólo sobre sus ventajas, sino á quién afectarían.

Con los blogs estamos viviendo justo el momento del cuestionamiento, del debate. Aún todo está caliente y revisando algunas páginas, di con un artículo excelente al respecto.

El columnista del artículo titulado "Blogs e Información" dice lo siguiente:

"Frente a esta tendencia de cambiar la búsqueda de la verdad y la justicia, por la del beneficio económico y la funcionalidad política surgen los blogs, quizás el paradigma del periodismo actual. Los bloggers, al igual que los diarios, emiten informaciones sesgadas, tergiversadas y manipuladas, aunque mantienen un alto índice de coherencia y honestidad al respecto. No tratan de convertirse en la voz neutra que simula ser el periodismo, sino que se defienden desde la propia subjetividad de su palabra."

Traten de analizar bien este párrafo y quizá se podrá ver la verdadera potencia de los blogs, o bien, un guiño de su fracaso.


Daniel


Planeta Blogs
 Bitacoras.com
MeTinca
Chilelog



directorio de weblogs. bitadir